TU ESTAS AQUI:

El triunfo del espíritu sobre la carne

E-mail Imprimir PDF

 

“He visto la mentira del traje de seda y alamares; aquella cáscara brillante, esa máscara de carnaval, rota, manchada de sudor y sangre, sobre una silla; mientras su relleno, un hombre como cualquier hombre, sufre…”, son las palabras con las que la desaparecida Conchita Cintrón iniciaba su libro

“¿Por qué vuelven los toreros?”, frase casi poética que pone al descubierto una gran verdad del toreo, esos hombres que se juegan la vida cada domingo son precisamente eso, hombres de carne y hueso.
Terminó ya la Feria de San Isidro en Madrid, en la que participó un nutrido grupo de toreros mexicanos, entre los que se contaba el diestro queretano Octavio García “El Payo”, quien en emisiones anteriores había acaparado reconocimientos y premios, pero esa tarde del pasado 19 de mayo las cosas no le rodaron bien. La prensa en general lo criticó duramente y es que el rubio torero tenía acostumbrado al público a triunfar constantemente.

 

Cuando Octavio llegó al hotel donde se enfundó el traje de luces, tras esa mala tarde, rompió en llanto. Le acompañaba su hermano menor, quien lo abrazó y le preguntó “¿vale la pena todo este esfuerzo?”.
Octavio García “El Payo” fue categórico al responder con un firme “¡sí!”.

LA ENTREVISTA

Ha pasado poco más de un mes de aquella tarde y Octavio no había hablado con ningún medio de comunicación; sin embargo, ayer aceptó platicar, en exclusiva, con este reportero.
De momento no sabe en qué plazas actuará, porque eso lo deja en manos de su apoderado.
Dedica su tiempo y esfuerzo a entrenar desde que sale el Sol hasta que anochece.

A mediodía realiza ejercicio en un gimnasio y es ahí, a punto de dar por concluida la rutina de estiramiento, donde comienza a platicar.
“Esa tarde de Madrid fue muy difícil para mí. Anteriormente ya había actuado en Las Ventas y las cosas se me habían dado bien. Había cortado orejas y había dado vueltas al ruedo, pero ese día las cosas no se me dieron bien.

“Yo no sé si es una virtud o un defecto, pero yo soy una persona muy transparente. Cuando estoy bien se me nota, cuando no me siento bien, también se nota. Los aficionados lo sienten y esa tarde en Madrid las cosas no se me dieron bien.
“Quiero decirte que llegué en óptimas condiciones, durante cuatro meses me preparé con gran intensidad. Me presenté en Madrid fuerte, bien, pero simplemente no logré el triunfo que esperaba. No culpo a nadie, simplemente no se me dieron las cosas”.

LAS LESIONES


Poco habla “El Payo” de su estado de salud. Para el grueso de los aficionados, las catorce cornadas que lleva en la geografía de su cuerpo no existen, o están en el olvido. Lo mismo aquel grave percance que hace años sufrió en la Corrida de Navidad celebrada en la Plaza Santa María de Querétaro, percance que estuvo cerca de dejarlo postrado de por vida en una silla de ruedas.

Sin embargo, la raza de este torero le ha hecho salir adelante y ahí consiguió uno de sus triunfos más grandes, volver a caminar. Pero no ha sido fácil, porque ese toro le dejó secuelas que al día de hoy no ha podido borrar.
Octavio es renuente a tocar el tema, porque dice con firmeza “no quisiera que nadie, ni una sola persona, sienta lástima por mí, para nada. Yo soy torero y esto por lo que atravieso son gajes propios de mi carrera”.
Su voz lo delata, no le gusta hablar sobre las lesiones que día a día le recuerdan lo difícil que es ser torero. Respira profundo, hace una pausa y como si le pusiera la muleta al toro para que le embista de largo, habla con el corazón en la mano: “Ese toro de Querétaro me reventó los nervios que están a la altura del hueso sacro. Además me causó varias hernias”.

“De inicio no podía caminar. Ahora lo hago, pero me cuesta”, dice Octavio, quien reitera que “lo platico por primera vez porque creo que aceptar las cosas como son es parte de mi recuperación, pero no lo hago para que nadie sienta lástima por mí. Yo soy torero y así me moriré, torero”.
Con los nervios destrozados, funciones primarias que para cualquier persona serían “de mero trámite”, para Octavio representan un esfuerzo superlativo.

Para poder desechar los líquidos de su cuerpo, el torero requiere la ayuda de una sonda que se pone y se quita para tales menesteres. Para poder realizar labores propias del cuerpo, el diestro queretano necesita, además de la sonda, medicamentos.

En sus circunstancias, cualquier otra persona habría declinado en su aspiración de ser torero, pero “El Payo” a diferencia del resto de los mortales se aferra a su sueño de llegar a ser primera figura de la tauromaquia.

“A raíz de este percance, los médicos me dijeron que probablemente los nervios se podrían recuperar al año, pero han pasado ya dos años y medio y yo sigo igual”.
(Continuará mañana)

 


LA COLUMNA DE...